25.2.15

Jennifer

Era una extraña y horrible sensación la que sentía: un enorme nudo de garganta atorado; las lágrimas no se hicieron presentes sino mucho tiempo después; un dolor tremendo, una insoportable  pérdida estaba ocurriendo en mi vida. Ese sería el último día que la vería. Íbamos los dos sentados en la parte trasera del taxi; ella lucía hermosa como siempre. Por muchas razones me había enamorado de Jennifer, pero ese amor llegó muy tarde. No es que me hubiera enamorado de ella tarde, sino que no tuve el valor de decirle que la amaba hasta que ya era muy tarde: ella partiría de mi vida hacia otros confines, donde nuestros caminos se separaban bifurcándose por senderos diferentes.
Todo comenzó como una amistad y por azares del destino; actos concatenados que hicieron que la conociera y la amara desde el comienzo. Con Jennifer era alegre, reíamos como bobos, hablábamos de diversas cosas y además compartíamos nuestro gusto por el universo de Harry Potter. Claro, al principio de nuestra amistad la veía con ojos de amigo, pero el convivir, las risas, pláticas y salidas prendieron la mecha del amor —si es que de esa forma lo puedo expresar.
El tiempo me dio la razón, ella también se había enamorado —o cuando al menos sentía algo por mí más que amistad—. Ella me lo dijo justo después de haberle declarado mis sentimientos hacía ella, pero era demasiado tarde. Un día después, o sea, el día de hoy, el último día que compartiríamos juntos, íbamos los dos sentados en la parte trasera del taxi y deseaba que no llegáramos tan pronto a nuestro destino. Sus ojos azules, tan hermosos, me miraban y deseaba besar esos labios que se movían con cada palabra que salía de la boca de Jennifer.
Es increíble como las personas entran a tu vida y se vuelven tan imprescindibles e importantes; Jennifer fue una de ellas, fue un amor pasajero pero que aún sigue presente en mi vida a pesar de que han pasado más de siete años desde que se despidió de mi vida para vivir en otra ciudad. Ella fue un amor de verano, a pesar de que solo fue para mí una amiga.

2.2.15

Febrero

Ha iniciado febrero, el mes del amor y la amistad. El 2015 va rápido y acelerado. El mes pasado comencé el año nuevo muy mal, a mi parecer.
Como cada año, comencé el año nuevo con mi cumpleaños número veinticuatro. Sí, nací un primero de enero. No fue un mal cumpleaños, fui al cine con mi mamá a ver una película que ya no recuerdo, comí con ella y pase el tiempo con ella.
Al día siguiente de regreso a la monotonía del trabajo y a los procesos de siempre en la Nissan. Trabajo en el puesto de Aux. de ventas y realizo muchas actividades concernientes a la venta de automóviles, pero no soy vendedor.
En fin, ese día al llegar a la agencia, recibo la llamada de una compañera que se tendrá que asentar por enfermedad y me toca cubrirla. En la agencia tienen como costumbre cooperar para comprarle un pastel al cumpleañero. La encargada de pedir cooperación fue (o creí que lo era) mi amiga; pero las cosas no son lo que parecen, así que ella pidió y en el transcurso del día yo trabajé haciendo la labor de mi compañera, claro, descuidando la mía (y por la misma paga) y realizando lo que sé del puesto de ella.
En la noche, justo antes de que me "felicitaran" por mi cumpleaños, las gerente administrativa me llama la atención por cuestiones que no son mi responsabilidad (el pan de cada día en la agencia) y me arruinó la sorpresa (que no lo era) del pastel.
En fin, enero se hizo monótono hasta un domingo donde fui a la feria de León con mi mamá, mi hermano, mi cuñada, su hijo y su hermano. Fue tedioso y a la vez diferente la salida, pero solo fue el inicio de una semana infernal.
Dicen que te levantas con el pie izquierdo y tienes un mal día. Tengo pie plano y hace que tenga dos jodidos pies izquierdos. El lunes me hizo pasar un mal rato una compañera que se cree mi jefa, la cual mi jefe le da la autoridad. Después una amiga me deja esperándola un buen rato y no la veo. Termino enfadado del trabajo y me voy a mi casa desanimado. Creí que era un mal día: Solo mi mala semana estaba empezando.
Al día siguiente decido vende un celular nuevo a Mario, un vendedor de ahí y regreso a usar uno viejito. Salgo a comer y en la tarde cuando iba de regreso al trabajo un hombre (un mal nacido) sale y me asalta con una navaja en mano. Fue traumático porque además de llevarse mi celular se llevó una mochila con un libro (El Señor de los anillos: Las dos torres, que había sido un regalo de mi mamá por mis veinticuatro) y una agenda y como 20 pesos.
Ya no regrese al trabajo hasta el día siguiente, con mucho miedo . Durante los días siguientes me pasó algo malo que no quiero contar pero fue una semana de terror.
En pocas o muchas palabras no sé qué me depara febrero. No tengo novia, ni pareja sentimental para gastar en ella; ni amigos en el trabajo.
Por cierto, no sé si dure más tiempo en el trabajo ya que han corrido al gerente general; muchas cabezas pueden caer...

17.1.15

Abrazos

¿Has sentido una calidez cuando eres abrazado y ese abrazo es sincero, sin pedir nada a cambio, no es egoísta, es puro? Un abrazo puede decir más que mil "te quiero", "te amo", "eres importante para mi"; las palabras, sabiamente dichas, el viento las puede hurtar y borrar de la faz de la tierra, los actos son el reflejo de las palabras; un acto bien realizado sustituye las palabras. Si a tu pareja la llenas con palabras en vez de acciones, las palabras se pueden caer, a pesar de ser una de las herramientas más grandes del ser humano de comunicación. No está de más agradecer, hablar de tu amor, pero nada se compara a ese amor demostrado. La mayor parte de la comunicación es una comunicación que no se expresa con la palabra, se dice con los gestos, las acciones. 

En realidad extraño esa sensación de calidez de los abrazos, ya que últimamente me he topado con abrazos que tienen un costo, por así mencionarlo, porque son interesados y solicitan un trueque por el mismo. No es agradable eso, es repugnante, aunque sea un acto meramente de supervivencia humana: los más aptos son los que sobrevivirán.